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domingo, 9 de octubre de 2011

CUENTOS DE TERROR

CUENTOS DE TERROR


DE NOCHE

Era pasado de media noche, y no podía dormir, las persianas de la ventana se mecían haciendo un ruido monótono, estaba sola, prendí la televisión para sentirme un poco acompañada y para que me diera luz, ya que dormía con todos los focos de la casa completamente apagados y porque sentía escalofríos por todo el cuerpo no entendía por que, ya que en lo menos que podía pensar era en un fantasma, pues no creo en eso, de repente se escuchó un ruido, no supe si era dentro o fuera de la casa, pero me di cuenta que la ventana estaba cerrada y las persianas seguían meciéndose en forma escalofriante, un frio tremendo empezó a invadirme, me quise parar y mi cuerpo no respondió, no le tenía miedo a espíritus sino a vivos y me puse a pensar que alguien se había metido a la casa, no podía moverme, la puerta de la recamara estaba cerrada con doble cerrojo y de pronto se empezó a abrir lentamente, yo seguía paralizada seguro que el que el maleante que se metió traía llave maestra, de pronto pude moverme y de un brinco abrí la puerta del baño que está un lado de mi cama y me encerré en el, me agazapé en una esquina, no quería ni respirar, agarré una varilla en una mano y el celular en la otra, lista para hablarle a la policía, seguí con el oído pegado a la puerta a escuchar los ruidos, pero no oía nada porque dejé prendida la televisión, lo único que se escuchaba era el programa de ventas que pasan por las noches, de pronto la televisión dejó de escucharse, pensé que habían botado las palancas de la corriente eléctrica y casi pego un grito, marque el número de la policía pero no me atrevía a hablar para que no me escucharan, así es que colgué, me di cuenta que la luz no se había ido porque por la ventanita del baño me llegaba la luz del poste de la calle.
De repente escucho un ruido en la puerta del baño donde me encontraba un pequeño ruido en la parte de debajo de la puerta, como que rascaban y rascaban, sentía que me ahogara de terror, no supe más de mí, perdí el conocimiento por quien sabe cuanto tiempo.
Al despertar había amanecido, pero seguí por mucho rato dentro del cuarto de baño con la varilla en la mano, y con la oreja pegada a la puerta, pero no escuchaba nada.
Al fin me atrevo a salir dispuesta a cualquier cosa, despacito, muy despacito abro la puerta y me encuentro con que…
La puerta de la recamara estaba abierta pero… todo estaba en su lugar.
Salí de la recamara pero no encontré nada, la puerta principal estaba bien cerrada, la de la cocina también, el portón de la cochera estaba bien cerrado como yo lo había dejado.
No entiendo que pasó, quisiera pensar que me lo imaginé, pero si fue así por que la puerta de mi recamara si estaba abierta y la televisión apagada, sin que se hubiera ido la luz.
Publicado por Refu
FIN





Una amiga me había invitado a cenar en su Casa. Ella vivía con sus padres y sus tres hermanos. Durante la cena sus hermanos no me sacaron la vista de encima; los tres estaban serios, con cara de pocos amigos, supongo que creían que les correspondía oficiar de “Guardianes” de su hermanita.
Sus padres, un poco menos hostiles, conversaron bastante y hasta rieron con mis ocurrencias y anécdotas.

La Casa estaba rodeada por viñedos. Un camino de unos diez metros de ancho, se habría paso entre las vides hasta llegar a una calle rural; el camino tendría unos doscientos cincuenta metros de largo.
Después de una sobremesa corta, sus padres comenzaron a bostezar; enseguida entendí el mensaje. Me levanté y les dije:

- Estuvo muy rica la comida. Tengo que caminar bastante, así que mejor me voy ahora.

Cuando me marché toda la familia salió al frente de la Casa.

- Papá, si me prestas el Auto lo arrimo hasta su Casa - dijo mi amiga.
- La noche está lindísima, seguro que él quiere irse a pie ¿Verdad? - le contestó el Padre y me miró.
- Sí, la noche está linda, me voy a pie. ¡Que pasen bien!

El camino que cortaba el viñedo no era recto; no me había alejado mucho cuando dejé de ver la casa. La noche era clara, había Luna llena. Soplaba algo de viento y las vides se agitaban y producían un rumor muy particular, como si sus hojas fueran
de papel.
Como por la mitad del camino, comencé a escuchar un silbido, alguien silbaba una canción. Las vides tenían hojas sólo en su parte superior; creí que si me agachaba vería las piernas del silbador, el sonido venía de cerca. Sólo vi los delgados y retorcidos
troncos de las vides, y las estacas que las sujetan. Aquel sonido venía desde el lado derecho del camino, y de un instante a otro venía del lado izquierdo.

El silbido era extraño, reverberaba como si el silbador estuviera en un lugar cerrado y con buena acústica, no en medio de un viñedo.
Estaba por echarme a correr cuando vi las luces del Auto; mi amiga se había impuesto a su Padre y había tomado el Auto. Cuando subí ya no escuchaba el silbido.
Ya íbamos por la calle, cuando ella, al notarme muy callado, me preguntó:

- ¿Escuchaste o viste algo raro cuando ibas por el camino?
- Escuché un silbido que me heló la sangre en las venas, todavía estoy temblando.
- ¡Ay perdón! No te había dicho nada porque no me ibas a creer. Mi familia no me cree, no se porqué, sé que también ellos han escuchado ese silbido, pero dicen que me lo imagino. Suena igual a lo que silbaba un tipo que murió en el viñedo.
- ¿Un tipo murió en el viñedo? - le pregunte.
- Sí, el trabajo un tiempo allí. A mi no me gustaba mucho, siempre me miraba.
- ¿Y tu familia notó que el tipo te miraba?
- Supongo que si - me contestó.
- Y un día apareció muerto en el viñedo - le dije.
- ¿Qué quieres decir con eso? No estarás insinuando que mi familia…
- ¡No, no, claro que no!
Publicado por Jorge Leal

La ducha
Eve
Le resultaba extremadamente molesto cuando el tubo fluorescente de luz estaba a punto de llegar al fin de su período útil. Es en ese momento cuando comienza a parpadear, y el baño se transforma en un pub nocturno.
La luz fluorescente comenzó a titilar en el preciso instante en el que ella estaba bañándose, justamente mientras mantenía los ojos cerrados para evitar que el champú le irritara los ojos. Se enjuagó la cara y entre flashes terminó de bañarse.
Una de las cosas que odiaba de vivir sola era no tener conocimientos sobre electricidad. Y no contar con alguien que le alcanzara la toalla en caso de habérsela olvidado. Para completar su mala suerte, el tubo fluorescente comenzó a fallar cada vez más, haciendo que los intervalos de oscuridad fueran más largos que los de luz cegadora y, efectivamente, había olvidado las toallas; salir completamente mojada de la ducha en busca de algo para secarse no era una idea que le agradara.
Corrió la cortina de baño y entre el parpadeo confundió la base del lavabo con un par de… efectivamente el defecto del tubo luminiscente estaba dañando su visión –se dijo. Resbaló con sus pies mojados y rozó algo áspero en la oscuridad, pisó un zapato. Maldijo por lo bajo: había mojado sus mocasines de gamuza, ¡demonios! –protestó. En el tropezón y el cuidado por no pisar de nuevo los zapatos se desorientó en la oscuridad. Estiró la mano a tientas para encontrar el picaporte de la puerta, o al menos el interruptor para así evitar chocarse con el lavabo. Con un tic la luz volvió a encenderse… se vio frente al espejo, su reflejo le devolvió un torso aún enjabonado; volvió a maldecir por lo bajo. Otro tic y otra vez oscuridad. Pero ya podía ubicarse, la puerta estaba justo a su derecha, tan sólo con estirar un poco el brazo alcanzaría a abrirla.
Fue entonces cuando descubrió que no era una falla del tubo fluorescente. Era una broma sin gracia. Había visto un par de piernas, sí, y había pisado unos zapatos, pero no eran los suyos. Su captor estaba jugando con la luz, simplemente como una estrategia para que ella saliera de la ducha. Lo reconoció. Pero no reaccionó.
En su rostro quedó congelada una expresión de confusión. No se había convencido de lo que había visto. Ese era el plan. Entonces prendió la luz; tardó en encenderse, y durante el incesante titilar él la electrocutó. La muerte fue instantánea, descalza y con los pies mojados la electricidad recorrió su cuerpo en una fracción de segundo, tiempo suficiente para detenerle el corazón.
Pero no contento con ello, tuvo que aprovecharse de ella también. La última vez.
Conclusiones de las primeras pericias: muerte por accidente. Electrocutada. Interruptor en malas condiciones. ¿Violación? Descartada. No había restos de semen. Surgieron otras hipótesis. Investigación en curso.
Violador en libertad.


2da guerra mundial.


Marros se levantó mirando al cielo. Pensó que estaba soñando pero al ver el campo de batalla vio la realidad.

Algo brilló en medio del mismo, era como una luz, se dirigió con su fusil al lugar tomando las precauciones del caso. Al arribar se percató que había un niño que paseaba sin problemas.

Gritó: -"¡Niño sal de ahí, pueden herirte!".

El niño levantó su cara sencilla y sonriente, le dijo:
- ¿Por qué? No he hecho nada malo, solo ayudo a los muertos.
- ¿Cómo puedes ayudarlos si están muertos?.
- Ah, ¿si lo estuvieras lo sabrías?.

Marros quedó pensativo, luego dijo:
- Tú eres un ángel.

Y el niño sonriendo respondio:
- "Ves, ya sabes como ayudo a los muertos".


LA MANO
Había visto muchas veces aquella hermosa mano, siempre jugueteaba con ella en las tardes lluviosas de otoño, y mientras el viento lacerante soplaba en la calle, yo acariciaba con suavidad la mano, su mano. Su piel era tan suave, pálida y aterciopelada, y me pasaba horas recorriendo las líneas de la palma o el contorno de las venas con la punta de mis dedos. En ocasiones la cubría totalmente, y la besaba, porque sabía que le gustaba, mis labios no dejaban de humedecer los estilizados dedos y toda la mano. Era simplemente ella, la mano, y ahora mismo la recuerdo sentado en esta celda.

Me viene a la mente como si todavía la tuviera, y solo con recordar su piel, oh su piel , me estremezco, pero aquí no puedo pensar. Ya no sé que va a ser de mí, porque aunque estoy condenado a muerte ya estoy muerto, pues sin ella, sin mi mano, no soy nada, y me diluyo coma el viento en la mañana. como la lluvia en el desierto. No soy nada. Mi mano... Si por algo más que un amor, otros como yo mataron, y destruyeron, y realizaron actos de increible crueldad, ¿qué no haría yo por esa mano?

Pero... ya lo hice, y por ello me pudro en esta oscuridad malsana. Mi vida no tiene sentido, y escribo estas últimas palabras en la sucia pared de mi celda, como el incompleto testamento de un hombre enamorado. Pero, Dios del Cielo, ¿es pecado amar una mano, y asesinar por tenerla? Ya se acercan los carceleros y ya llega mi hora...me reuniré con la mujer a la que corté la mano y asesiné solo por amor...por su mano...la mano...
Moscas
David Rosero Enríquez
Esta mañana me incomodó una mosca que entró de repente en la habitación. Armado de aquel matamoscas que tantas veces me ha permitido descargar mi fastidio hacia ellas cuando irrumpen zumbando en mi cuarto y fastidian mi privacidad, me dirigí, velozmente, hacia la ventana y, de un golpe certero sobre el cristal, pude deshacerme de ella… Mi mirada se detuvo en la pequeña figura que, desorientada y solitaria, caminaba sobre los cristales de la ventana antes de morir.

Por unos segundos, me vino un escalofrío al recordar lo vivido días atrás por un amigo al que rescaté de una horrible pesadilla.

Cuando Gilberto llegaba al pequeño cuarto de alquiler que había conseguido en el barrio América hacía pocos meses, siempre se encontró con un ambiente pesado. Al entrar en la casa, sus largos, oscuros y fríos corredores despedían un extraño olor a encierro. Le llamaba la atención que en el trayecto hacia su cuarto, siempre revoloteaban a su alrededor, varias moscas grandes, negras, bastante torpes y pesadas, que se congregaban a los lados de las cuarteadas y húmedas paredes. Un día cruzó la puerta del pequeño cuarto de estudiante, dejó las pocas compras sobre la improvisada mesa que hacía las veces de escritorio y sacando el tarro de insecticida comenzó a vaciarlo con toda su furia apuntando a todo lo que a su paso revoloteaba.

Muchas moscas caían ante los chorros disparados desde el pulverizador, sin embargo, no parecían tener fin. El lugar por el que penetraban se hizo evidente cuando descubrió junto a la entrada del pequeño cuarto un orificio en el que se arremolinaba una masa de muchas de ellas; el agujero se comunicaba con una esquina de la habitación que daba a un pequeño patio lleno de escombros, separado tan solo por una roída mampara. Desesperado, disparó varios chorros de veneno dentro de aquella entrada.
¡Error! Fue el comienzo del fin.

Decenas de ellas, comenzaron a lanzarse al exterior de su madriguera chocando con cuadros, lámparas y cristales de las ventanas que daban al pequeño patio; ni siquiera el pedazo de madera que servía de tapa al hueco por donde salían evitaba que formaran un nubarrón dentro de la casa. Misteriosamente, la puerta se cerró con violencia, Gilberto entre gritos, tenía que dar manotazos al aire para impedir sus ataques desesperados. Me contó que, incluso, alcanzó a oír una risa satírica que se alejaba presurosamente por las escaleras de la vieja casa.

Los zumbidos enloquecedores crecían en la habitación, las moscas se arremolinaban enloquecidas con cada segundo que pasaba y el líquido del recipiente se extinguía. En ocasiones, éstas se estrellaban en su cara, se enredaban en su pelo mientras que cientos giraban en el piso agonizantes.

Ahora, con el recipiente ya vacío, ensayaba golpes al aire tratando de llegarle al menos a alguna de ellas, pero la extraña batalla parecía no tener fin.
Lleno de angustia se lanzó con movimientos bruscos hasta la pequeña puerta revestida de remiendos de maderas y clavos retorcidos. Era como si la nube de horrorosas moscas pegadas a su cuerpo hubiera moldeado una masa humana que ahora, casi impotente, buscaba una salida; sus manos llenas de moscas llegaron hasta el picaporte sin poder conseguir abrir la puerta, pues, la llave atascada en la cerradura, con el maniobrar angustiado, se ablandó hasta romperse.

El piso de madera que, con esmero, había limpiado y lustrado esa mañana para recibir a una visita, tan solo reflejaba el horror de una figura desesperada que retrocedía hasta la esquina del pequeño cuartucho donde sentía que las paredes se juntaban haciendo más angustiosa su salida mientras todo parecía indicar que hasta su respiración en algún momento acabaría.
Así como apretaba el pedazo de metal de la llave rota con su índice y pulgar derecho, así hubiese querido aplastar una a una a todas sus enemigas que incluso invadieron la luz del cuarto y ahora su interior, mas, con sus ojos cerrados y las manos abiertas, se cubrió la cara, se dejó caer de rodillas mientras que con sus dedos apretando sus oídos trataba de apagar los taladrantes zumbidos que parecían crecer cada vez más y más.

Casi derrotado, arrodillado e impotente, miró con angustia como salían unas extrañas criaturas por las rendijas del entablado del solitario y viejo cuarto de alquiler; casi por instinto, corrió hacia la cocina, abrió las perillas haciendo que el gas saliera copiosamente de las hornillas. Como pudo, se las quitaba de su rostro y manos hasta que con desesperación pudo prender una gran bocanada de fuego que al elevarse por los aires chamuscó a muchas de ellas. Ahora, sudoroso y asustado, permanecía cerca de su cocineta de gas buscando refugio junto al fuego que con ansia trataba de mantener vivo. Comenzó a alimentar el fuego con todo lo que tenía a su alcance mientras veía como se extinguía: su ropa, libros y hasta el poco dinero guardado en uno de ellos para completar uno de los alquileres atrasados.
De pronto, la sombra siniestra que furiosamente se agitaba comienza a quedarse quieta, callada. Ese ruido ensordecedor da paso al silencio, mientras las extrañas criaturas comienzan a retroceder misteriosamente y a desaparecer entre las ranuras del viejo entablado a medida que las múltiples moscas sobrevivientes de esta extraña batalla pelean entre ellas por escurrirse buscando la oscuridad por entre los espacios del piso de la casa. Ahora, solo se escuchan algunos golpes cada vez más fuertes en la vieja puerta. Sin poder gritar, presa del pánico, corre desesperado hacia la puerta y con todo lo que le queda de fuerzas golpea con sus puños cerrados mientras siente que sus sentidos lo abandonan al momento que cae de bruces sobre el piso.

Abrí la puerta por fuera y al entrar, pude observar entre la humareda que se despedía densa desde adentro, el cuerpo semidesnudo de Gilberto que permanecía tirado sobre una extraña alfombra hecha de miles y miles de moscas que yacían inertes sobre el piso. Ventajosamente, sin dificultad, pude sacarlo y trasladarlo a un centro de reposo donde aún se recupera.

Al salir de esa casa, a lo lejos, en una ventana del segundo piso, pude observar a una mujer anciana de aspecto apergaminado, de traje oscuro y burlona sonrisa, que acariciaba un mugriento cartel colgado en uno de los vidrios de la ventana; decía: “Alquilo cuarto para estudiante”. La policía identificó en el cartel elementos de materia viva y, en el pequeño patio junto al cuarto de Gilberto, enterradas algunas partes de cuerpos , probablemente, de algunos inquilinos a quienes la demencial anciana habría sepultado algún tiempo atrás.


Fabricio hacía su ronda. Como ya era muy tarde, casi la medianoche, aquella parte del Hospital estaba silenciosa y desolada. Le parecía algo inútil vigilar esa parte del Hospital; pero como era su trabajo, recorría una y otra vez aquellos pasillos tan
inquietantes.
Repentinas corrientes de aire recorrían el lugar; y tanto abrían como cerraban una puerta de golpe. “Puertas mal diseñadas, pestillos muy cortos y muy sensibles”  Fabricio siempre le encontraba una explicación, quería creer que era sólo eso; de  otra forma no podría recorrer aquellos pasillos solitarios , aterradores.

Llegó a una parte donde acostumbraba volverse. Más adelante había una habitación vacía, en donde había escuchado ruidos que desafiaban sus explicaciones. Siempre que podía, evitaba cruzar frente a ella, se volvía antes.
Esa noche no pudo: escuchó un portazo a sus espaldas, y que dos personas conversaban.
Era un par de doctores. Fabricio continuó sin voltear. A pocos pasos de la puerta miró hacia atrás, los doctores ya se habían retirado.

Tuvo la intención de volverse; pero quedó parado en el lugar. No podía seguir teniendo miedo a una habitación vacía. Decidió hacer lo que nunca había hecho; mirar el interior de la habitación.
Sacó su Llave Maestra y la abrió. Cuando entró y encendió la luz, vio algo que le puso  los pelos de punta, un escalofrío le subió por la columna.
Sobre una Mesa larga, estaba el cuerpo despellejado de un hombre: No tenía piel y en algunas partes los músculos estaban separados de los huesos.

- ¿Qué está haciendo aquí? - escuchó Fabricio detrás de él. Se volvió con un grito.
Un Doctor estaba en la Puerta - ¿Qué hace aquí? - preguntó nuevamente.
- ¡Ufff…! ¡Que susto que me dio! - dijo Fabricio, enseguida pensó en una excusa.
- Escuché un ruido y entré a revisar - le respondió. No era del todo mentira, otras noches si había escuchado ruidos.
- Tal vez el ruido vino de otro lado - dijo el Doctor - Le aseguro que ése que está ahí ya no hace ruidos; es un cuerpo disecado, lo usan los internistas para estudiarlo.
- Sí, me habré equivocado, no vuelvo a entrar aquí.

El Médico asintió con la cabeza y se marchó. Fabricio apagó la luz, y cuando estaba cruzando el umbral, escuchó una serie de crujidos. Al voltear, alcanzó a ver en la oscuridad, que el hombre disecado había levantado la cabeza y miraba rumbo a él.
Cerró de un portazo y le echó Llave.

Los muertos que no están en un cementerio no descansan: Ya sea que sus restos estén en algún lugar agreste, fosa sin nombre, o mesa de Hospital.
Publicado por Jorge Leal


Yo se lo que te asusta
Alan López

Decía ser una persona sin miedo alguno. Para mi el mayor de los temores no significaba nada como es la muerte. Sigue sin significarme nada.
Hoy me veo aquí, acostado y desesperado pese a un extraño encierro. Solo puedo ver por un pequeño vidrio hacia el cielo. Escuchó llantos y susurros en un ambiente frió y sombrío.
Petrificado miro lo poco que me rodea y como a través de ese vidrio desciendo lentamente mientras palas sincronizadas dejaban caer tierra sobre mi. Una reacción de escalofrió me hizo golpear y gritar hacia todos lados de lo que muy confusa y real seria el entierro de mi presunta muerte.
Esos llantos de dolor que anteriormente había escuchado fueron opacados por los míos llenos de miedo y desesperación. Nadie parecía escucharme.
Resignado veía como por ese pequeño vidrio la tierra apagaba la luz. Sin fuerzas por la bruma del dolor di mi último grito que se perdió en lo oscuro de lo que increíblemente podría decir, mi ataúd.
Volví a despertar con lágrimas en lo que era mi habitación. Feliz de que solo hubiese sido un horrible sueño.
Mi orgullo fue lo demasiados grande como para no contar nada aunque mi madre se dio cuenta y me dijo en tono de gracia: “- Yo se lo que te asusta. Firma: La pesadilla -“. Una respuesta tan certera pensaba mientras desayunaba.
Al atardecer mientras volvía de la escuela recibo un mensaje en mi celular de mi madre. Al leer ese mensaje hubiera querido que sea otra de las burlas que caracterizan a mi divertida madre y no un regaño que me hizo caer el celular del miedo. “ Hijo donde anduviste metido? Me costo una vida sacar la tierra de tus sabanas”.


Wilmar no sabía porqué lo hacia, lo único que tenía claro era que le gustaba matar gente.
Una noche, se las ingenió para abrir la ventana de un hogar. Con mucho sigilo, fue revisando las habitaciones de la Casa. Primero escuchaba pacientemente, después abría la puerta con el mayor de los cuidados.
Por lo que alcanzó a distinguir en la penumbra, en aquel hogar vivía una sola persona.
Por debajo de la puerta de uno de los cuartos, vio algo de luz, y escuchó que alguien  roncaba. Abrió la puerta lentamente y espió. Allí estaba la dueña de la Casa: Estaba  durmiendo en un Sillón, era una anciana, sobre la falda tenía un par de agujas de tejer y una prenda de lana a medio terminar.

La anciana se había dormido mientras tejía. Antes de apuñalarla, Wilmar la despertó; le gustaba ver el terror que le causaba a sus víctimas. Hecho su “Trabajo” salió de la Casa.
Durante la madrugada siguiente, Wilmar, mientras estaba acostado en su cama, escuchó un tintineo metálico, era un sonido débil, apenas audible.
Encendió la luz y buscó en la habitación.
- ¿De dónde viene ese maldito ruido? - maldijo Wilmar mientras buscaba.

De repente se le ocurrió algo: “Las agujas de tejer” pensó. Sabía que ya había escuchado un sonido similar, sonaba igual a cuando su Madre tejía. Entonces recordó a la anciana de la noche pasada, y a las agujas que tenía sobre su falda.
Ahora él sentía miedo, y no era agradable, no era divertido como cuando lo sentían sus víctimas.
El sonido fue aumentando. Parecía venir de todos lados y de ninguna parte.
Cada vez era más claro; dos agujas metálicas chocando entre si, chirriando al rozar una con otra.
Wilmar se acostó y se cubrió las orejas con la Almohada. Estuvo así largo rato. Cuando se destapó las orejas, con la esperanza de que el ruido hubiera parado, sus ojos se abrieron  hasta casi desorbitarse, a la vez que habría la boca y dejaba escapar un quejido. Sus manos se aferraron a las sábanas y comenzó a patalear. Una Aguja, fría y aguda, penetraba  lentamente por su oído, perforando tímpano, hueso, y cerebro.
Publicado por Jorge Leal

El Ultimo Pasajero
Skalader

Por aquel tiempo me ganaba la vida tansportando a las personas de un lugar a otro en mi pequeño vehiculo marca chevrolet. No era algo que me fascinara sin embargo no tenia mas alternativa; tenia 52 años y hacia 2 que me habian exiliado de mi trabajo en una compañia que fabricaba taladros.Me habia desempeñado como empleado de la empresa algun tiempo antes de la fatal decision que tomaron en mi contra. Bueno, poco despues decidi empezar con esta poco fructifera manera de mantener a mi familia.Era un servicio sacrificado, sin duda, el hecho de pasarte casi todo el dia sentado frente al volante, con el ensordecedor ruido de los claxons,los excentricos pasajeros, en fin aquella no era mi vida. Un dia abordaron abordaron a mi auto una pareja de esposos de avanzada edad, me pidieron que los llevase a una hacienda que se hallaba unos 30km fuera de la ciudad, era un lugar bastante alejado y remoto.Para llegar ahi se debia atravezar primero una amplia carretera de doble sentido que daba directo al lugar solicitado.Eran casi las 7:00 pm, en otras circunstancias no hubiera aceptado la carrera, pero el dia no habia sido bueno en lo se referia al sustento material asi que acepte llevarlos por un alto precio. Llegamos a la hacienda a las 11:00pm. Me di cuenta, que de no ser por las pequeñisimas casitas que se divisaban, hubiera creido que el lugar estaba totalmente deshabitado.Luego del pago de la cuantiosa suma de dinero, me dispuse a regresar a la civilizacion; algo que me tomaria unas 2 horas tomando en cuenta que a esas horas aquellos territorios se hallaban libres de tansito vehicular. Si tenia suerte probablente me encontraria en el camino copn algun cliente desesperado en llegar a la ciudad, aunque yo no creia en la suerte. En fin, las cosas se dan cuando uno menos las espera. Ya habia pasado cerca de 1:00 desde que comenze el viaje de regreso, los ojos ya me empezaban a pesar debido al cansancio y en eso oh sorpresa una figura larga y negra a primera vista, al lado derecho de la pista que me hacia señas para que me deuviera alzando lo que parecian ser dos brazos, en forma vertical apuntando al cielo estrellado.Dude en hacercarme, era realmente extraño que una persona completamente sola se encontrara en medio de la carretera a esas horas, peromientras mas me hacercaba,masme compadecia de aquel pobre ser. Cuando me hallaba a unos 10mtros de distancia el sujeto bajo los brazos y no tuve opcion me detuve. Hubiera sido la peor escoria del mundo de haberme pasado de largo; despues de todo en el fondo yo era un buen tipo. Era obvio que aquel indiduo unicamente tenia un destino; llegar a la ciudad a si que directamente me estacione de modo que el asiento trasero se ubicara a su altura.El tipo abrio la puerta y abordo el auto.Jamas vi un sujeto que hiciera mejor el papel de incognita como el; estaba completamente cubierto con un abrigo negro y en la cabeza llevaba un sombrero negro de fieltro de alas anchas y copa regular que me parecio databa del siglo pasado.Eraextraño el hecho de que mientras el sujeto aun no habia subido al auto la temperatura se habia mantenido estable, calida; desde el momento en que se sento al lado de la ventanilla el clima cambio radicalmente, habian bajado por lo menos 10 grados. Me percate de esto al instante. Reinicie el viaje esperando que se acabara cuanto antes. Oia su respiracion fuerte y lenta era escalofriante, me pregunte si estaria mal de salud,pero no me atrevia a hablarle. Disimuladamente movi mi espejo retrovisor para enfocar su rosto haciendome tenebrosas especulaciones, sin embargo son saco cubria parte de su cara con lo que solo alcanze a divisar dos ojos desorbitados y que miraban directamente los mios. Haci nos quedamos casi un segundo ,luego de que yo cambiara el rumbo de mi vista.Estaba atemorizado al ver sus ojos pude darme cuenta de que estaba grave.Me atrevi a hablarle le dije:¿se encuentra bien ? le dije, pero el tipo ni se inmuto.Seguro que no puede hablar me dije. Segui conduciendo inquieto, mientras me hacercaba mas a la ciudad, ya podia ver las luces nocturnas y eso me tranquilizaba. A la 1:22 mi vehiculo alcanzo la ciudad, esperaba algun sonido de mi cliente que me indicara donde dejarlo, pero no dijo nada solo aquella respiracion profunda que me hacia pensar en su salud. Y de pronto un sonido de ultratumba que invadio el auto.Instintivamente voltie a mirar al sujeto pero mi sorpresa fue enorme al no encontrarlo sentado en el lugar que habia ocupado.Detuve el auto en seco.Por instante pense que se habia esfumado pero luego supese que se habia resbalado del asiento.Gire el torso para mirar su cuerpo caido pero no estaba ahi. Baje del auto, la puerta trsera estaba cerrada ¿Pudo haber bajado del auto en movimiento? lo dude mucho y sobre todo en su estado. Revise el auto por completo, luego mire al frente, me encontraba justamente en laentrada del cementerio dela ciudad. Mi cuerpo temblo;subi al auto y me aleje rapido pensando en lo que habia sucedido.
Mi mente estaba paralizada. Conducia mi auto sin darme cuenta del recorrido que tomaba. Decididamente se trataba de un hecho paranormal, misterioso, un hecho detectivesco. No me atrevia a mirar a la parte trasera del auto por temor a que se apareciera de pronto entre las sombras. Al llegar a mi hogar eran casi las 3:00 am, mi esposa dormia placidamente de modo que retuve mis deseos de narrarle mi truculenta experiencia con mi excentrico cliente de ultratumba, asi que me devesti y me acoste, recordando y tratando de dar una explicacion logica a aquella extraña desaparicion. Me dormi, aunque no dejaba de estar alerta, en mis sueños, tuve una mala noche con sobresaltos y pesadillas. Al amanecer, me sentia mas tranquilo y decidi tomarme el dia libre. Mi mente me atrajo hacia mi auto, me dirigi hacia el con paso vacilante, abri la puerta trasera y mi sorpresa fue grande al mirar hacia abajo. No, no era el cuerpo de ultimo pasajero, era su retribucion por el favor que le habia dado al transportarlo al cementerio. Varias monedas derramadas, algunas en el asiento, todas bastante antiguas, de otros tiempos pasados. Era mi paga por el servicio....


“Se salvó de milagro” comentaban los doctores que lo atendieron. Camilo sufrió un grave accidente automovilístico. Volvió a tener conciencia varios días después.
Lentamente las sensaciones y los sentidos regresaron a él. Lo primero que escuchó fue la conversación de dos mujeres que hablaban cerca de él; dos enfermeras.

- ¡Pobre hombre! ¡Bueno! Dentro de todo tuvo suerte; pero cuando se entere que…
- ¡No siguas! - la interrumpió la otra Enfermera - Creo que está despierto.

- ¿Dónde estoy? - murmuró Camilo - ¿Porqué no veo?
- Está en un Hospital - le contestó una de las enfermeras - Usted sufrió un accidente.
No puede ver porqué le aplicaron injertos de piel en la cara; en unos días le sacan el vendaje y entonces podrá ver, sus ojos están bien. A primera hora de la mañana viene el Doctor, él le va a informar más sobre su estado. Ahora trate de descansar.
- ¿Qué hora es? - preguntó Camilo.
- Son las ocho de la noche. Ahora trate de descansar.

Escuchó los pasos de las enfermeras alejándose, después que se habría la puerta, y seguidamente la cerraban con cuidado.
No podía ver ni moverse, y al estar bajo los efectos de calmantes, dormía y se despertaba en intervalos. En uno de los momentos en que había despertado, sintió que una mano le aferraba el brazo derecho. Le pareció que era una mano bastante pequeña;
la de una enfermera, supuso.

- ¿Quién está ahí? - preguntó Camilo. Enseguida sintió como la mano le soltaba.
No le respondieron. Después de unos segundos sintió nuevamente el contacto de aquellos dedos fríos y pequeños, rozando su brazo derecho; acariciándolo desde el codo hasta su mano. Luego sintió que le rascaban el brazo, como haciéndole cosquillas.
intentó apartar el brazo pero no podía moverlo, estaba paralizado.
Comenzó a sentir cada vez más terror: no sabía quién estaba a su lado, o qué estaba a su lado; jugando con su brazo derecho.

Finalmente se desvaneció. Volvió en si al escuchar la voz de un hombre que intentaba despertarlo.

- ¡Camilo! Bien, veo que ya despertó. Soy el Doctor González. Bien, eh…le quería informar que, debido a sus lesiones…

- ¿Quién estaba aquí? - le preguntó Camilo - Había alguien, me agarraba el brazo derecho.
- Usted estuvo solo, aquí no había nadie, las enfermeras no se quedan en las habitaciones.
Usted debió sonarlo, nadie le tomó el brazo…
- ¡Le digo que aquí había alguien! Estaba jugando con mi brazo derecho.
- Camilo; eso es imposible: Le amputamos todo el brazo derecho el mismo día del accidente.
Publicado por Jorge Leal




sábado, 8 de octubre de 2011

CUENTOS


LA AVENTURA DE LOS OSOS
Había una vez una familia de cuatro osos una niña, un niño, su padre y su madre.
El niño era el mayor y se llamaba Andrés, la niña era la menor y se llamaba Jesica, el padre macho se llamaba Carlos era el rey de toda la manada que eran 70 osos y la mama era la reina de la manada ella se llamaba Ingrid, todos eran muy felices.
Pero un día la manada no tenían comida iba a llegar el invierno necesitaban comida pero algunos osos tenían que salir a buscar comida tenían que ir diez osos, Andrés quería salvar a toda la manada así que se ofreció a salir para buscar comida entonces Ingrid el dijo que no que era muy arriesgado salir, entonces Andrés no le izo caso y se fue con los nueve osos salieron y el invierno ya había empezado habían vientos muy fuertes Ingrid lo siguió, cuando de pronto Andrés se pierde de los diez osos y se desvía por completo de el camino, Ingrid siguió a los nueve osos como había tanto viento se veía diez osos entonces ella los sigue pero en realidad habían nueve osos, mientras tanto Andrés estaba solo con hambre y frio, de pronto encontró a un pingüino (llamado tomas) el pingüino se arrastra con toda su velocidad, pero Andrés lo logra alcanzar y le dice no te voy a comes soy amigo, me perdí de mi manada y el pingüino le dice: yo también me desvié de mi manada. Andrés le cuenta su historia, le cuenta que tenía una familia.
La manada con la que iba Andrés aceleraron por que se estaba anocheciendo e Ingrid se perdió quedo sola corrió, corrió había una montaña ella se tropezó se cayó de unas montañas a un rio, el rio la dejo tirada ella vio a un oso con una criatura pequeña ella corre y corre y cada vez lo ve más cerca y sigue corriendo y cada vez que corre los ve más cerca cuanto de pronto se da de cuenta que es un cadáver de un alce tenía un poco de carne y ella se dio de cuenta de que el alce se acababa de morir por qué no se había congelado se lo come y de pronto ve a una manda de 40 alces y les dice: ¿han visto a un oso café, con la boca pequeña, ojos cafés y mucho pelo en las patas? ninguno le dice nada, pero el alce rey de toda la manda le dice yo lo vi estaba con un pingüino dijo que se llamaba Andrés era un oso pacifico, la madre pregunta donde esta mi hijo le dice el alce esta en el valle de osos polares y la madres corre, mientras tanto el pingüino con Andrés se encuentran una manda de osos polares , se ven muy hambrientos dice el pingüino cuando un oso polar voltea a mirar y grita: síganlos ataquen, eran 90 osos polares Andrés con el pingüino en el hombro corren y corren se estrellan con Ingrid mientras corre la madre saluda al pingüino y a su hijo y dice: TE FUISTE Y NO ME HICISTE CASO Y AHORA ESTAS SON LAS CONSECUENCIAS corren, pero los están alcanzando se encuentran con los alces los alces también corren pero un oso polar ya iba a morder a Andrés pero el oso polar pisa una trampa de osos y como ese oso era el líder de la manada los otros osos se quedan a ayudar al rey pero el rey de los osos polares dijo vayan atrápenlos y un oso polar dice ellos ya están muy lejos más bien casemos un alce los alces corren hay un lago grande y muy frio los alces saltan pero los osos polares no saltan por que el rio es muy grande, hondo y frio, y además se pueden hundir no pasan, la noche cae y los dos osos y el pingüino encuentran una cueva gigante se van a lo más profundo y Andrés la cierra con nieve para que no entre frio hacen una fogata y se duermen mientras duermen a Andrés le da ganas de defecar, se para encuentra comida se la come y de pronto siente dolor cae y se duerme cuando se levanta, esta debajo de una reja y ve que un humano persigue a su madre y al pingüino entonces, el intenta salir empuja la jaula rueda por una montaña de nieve, y la jaula se abre el corre a salvar a su madre golpea a el humano pero hay 7 hombres, el ruje y todos se asustan y corren se van en un auto pero, se dan de cuenta que el pingüino esta enjaulado corren y alcanzan el carro, la madre hala el auto Andrés salta y coge al pingüino enjaulado, salen corriendo se esconden en su cueva la tapan con mucha nieve, Por un hueco ve que los humanos se habían ido, cuando de pronto escuchan un rugido y entran los osos polares Andrés su madre y el pingüino están atrapados de pronto Andrés encuentra un dardo, Andrés se lo pone en la boca y lo escupe y le cae al jefe de la manda de los osos polares, se duerme y los demás osos polares dicen: ¡o que miedo el duerme con esas cosas raras! y salen corriendo muy asustados.
Después el padre de Andrés se preocupa mucho y su va corriendo con la manada de 60 y salen.
Mientras tanto Andrés con su madre y el pingüino se van corriendo antes de que despierte el jefe de la manada de osos polares en el camino se encuentras con los alces, y los alces dicen que los van a acompañar pero solo envían 2 alces.
Se van Andrés con su madre un pingüino y los dos alces cuando ven una manda de pingüinos, dice el pingüino: bueno aquí es donde vivo, gracias amigos un día los voy a visitar muchas gracias, de no ser por su ayuda no hubiera llegado a mi manada.
Y dice el primer alce dijo que se llama: Daniel y la otra alce se llama: Daniela se llaman parecido porque son hermanos mellizos.
Y van caminando cuando ven un refugio y la madre de Andrés dice: este es nuestro hogar pero esta vacio que raro tu padre no está ni nadie y se devuelve a la manada de alces para preguntarles si vieron a una manada de 60 osos.
El padre de Andrés se encuentra con los 90 osos polares y un oso polar grita ataquen!
Cuando llega la madre y los dos alces y se dan de cuenta que el pingüino los estuvo siguiendo para decirles que si podría ser de su familia.
Y los 40 alces están hay mirando el ataque y huyendo y de pronto se encuentran los diez osos que se fueron a buscar comida, eran 70 osos, también dos alces y un pingüino contra 90 osos polares.
Pero ellos no quieren pelear entonces un oso polar dice: gallinas les da miedo luchar y todos los osos polares hacen gallinas y empiezan a bailar como gallinas.
Cuando de pronto se separa el hielo se empieza a hacer un iceberg de pronto uno de ellos salta hala al padre de Andrés lo hunde bajo el agua y empiezan a pelear debajo del agua Andrés salta al agua saca a su padre del agua y el oso polar que halo a el padre de Andrés, se salva en el iceberg pero el jefe de los osos polares dice: naden, y sálvense, de pronto un ventarrón los corre más lejos a los oso polares y dice el oso polar ya no, es demasiado tarde están muy legos de ellos y los osos polares llegan a un lugar muy grande y frio que le llamaban el hogar de las algas, donde solo había para comer algas. El padre y la madre de Andrés dicen hijo estas bien no vuelvas a hacer esto tu padre casi muere y estas fueron las consecuencias hijo no vuelvas a hacer eso es muy peligroso, nos preocupamos por ti por que te queremos hijo.

UNA ILUSION UNA RAZON
Magda preguntaba -¿que es una ilusión? su abuela respondía - es como un truco.

-A ver explícame eso, cuando vas a un espectáculo de un mago el tiene un sombrero, un pañuelo, una varita y con eso hace su magia.

-Oh si, pero aun no entiendo; Bueno, del pañuelo saca trucos, con la varita los señala y del sombrero sale otro truco y todos le aplauden porque creo una ilusión.

-Hay abuela, aun no entiendo, quieres decir que hay que ser mago para hacer una ilusión porque es por magia que se hace. -Bueno algo parecido pero a ver, porque tu interés por saber ¿qué es una ilusión?
- Te cuento, la maestra me pide que como pronto me gradúo escribamos sobre una ilusión que tengamos para cuando desfilemos en la graduación en nuestra presentación se hable de esta ilusión.
-Ah, que lindo pues hazlo, escribe sobre ti, y como te ves en el futuro y ahí vas a definir cual es tu mayor ilusión.

-Bueno pero yo quiero un carro, quiero viajar, quiero estudiar, conocer un príncipe y mil cosas mas.
-Magda eso es una lista larga a ver concéntrate de todas esa cosas que quieres ¿cual te da cosquillas en el estomago, nubecitas en la cabeza y ganas de reír a carcajadas?

-Buen truco abuela voy a mi cuarto a ver que se me ocurre.

Al día siguiente Magda va en busca de su abuela que como siempre estaba en el jardín dándole amor y cuido a sus orquídeas. Al ver a Magda le da los buenos días como siempre de una manera dulce y llena de alegría, -¡buenos días mi reina querida!

-Abu escribí algo pero no se, vamos a ver que tu opinas, sentémonos aquí. Comienzo; La Srta. Magda Casiano cuando se gradúe quisiera irse a España a estudiar para ser Doctora en medicina y poder ayudar a las personas.

-Magda tu te quieres ir tan lejos de tu país, -hay abuela eso me da como dijiste cosquillas en el estomago, nubecitas en la cabeza y me hace reír a carcajadas. No me dijiste que eso era una ilusión, déjame vivirla a ver si la hago una razón para poder llegar algún día.

-Bueno querida tenias razón es muy difícil definir una ilusión pero si las haz podido definir como una razón para hacer una realidad de vida, pues ¡adelante, nunca es tarde cuando la dicha es buena! –Se como el mago busca cual es el truco y con tu varita mágica haz realidad tu ilusión para ver si tenías razón.
PERDIDA EN EL AMAZONAS
Era un día soleado en el Amazonas. Clara, una alegre niña de unos diez años con pelo dorado, ojos como zafiros y una tez blanquísima se encontraba con su adorada familia, a un día de regresar al hotel “Fazenda Natureza”. Ella y casi todos sus parientes, incluyendo su padre, su madre, sus hermanas: Raquel, y Maite, sus tíos, y sus primos: Martín, Matilde, y Delia, se encontraban en medio de la selva en una expedición hacia ya varios días.
Toda la familia estaba extenuada, sin excepciones, ya con los últimos soplos de energía, tras la interminable caminata. La madre de Clara, que también tenia el cabello dorado, y los ojos de zafiros propuso parar para descansar. Todos estuvieron de acuerdo, ya que querían alimentarse y reposar.
Detrás de unos matorrales, clara vio aun negro, salvaje puma. Asustada, alerto al resto de sus acompañantes. Todos se escondieron debajo de un par de largas y anchas hojas verdes. Lamentablemente, Clara quedo afuera, y no tenía lugar donde refugiarse. Su padre le indico que se internara en la maleza, y corriera y corriera hasta no poder mover su piernas, eso fue lo que hizo.
Pasados varios largos minutos de silencio, Clara decidió regresar con su familia. Intento ir por donde había venido, pero a cada paso se encontraba con más maleza, lo opuesto a lo que debería pasar. Intento en todas las direcciones, pero no encontraba la salida. Estaba perdida. Clara tenia frío, y se sentía sumamente sola. La noche ya estaba empezando a caer.
La niña decidió acurrucarse junto aun árbol y pasar la noche allí. Despertó, y el sol acababa de salir. Se incorporo y tomo un par de frutas que como ávidamente. No había notado el hambre que tenia hasta ese momento.
De repente oyó unas voces, parecían cercanas, pero no familiares. Empezó a avanzar hacia ellas, cada vez mas rápido, comenzó a correr. Estuvo minutos siguiendo aquellas voces. Entonces, sintió que alguien le tomaba la espalda. Muy asustada se dio vuelta, y, y vio un indio.
Este le dijo que conocía el lugar y que la ayudar a lo que ella quisiera que el le ayudar. El indio la condujo hasta su tribu. Allí todos la miraban curiosos. Uno de ellos la bautizo como Shuli, y le enseño en pocos minutos cosas básicas sobre aquella comunidad. Clara estaba muy contenta y se sintió aun más cuando los indios accedieron a buscar a su familia
A la mañana siguiente se dispusieron a buscar. Tras poco caminar, llegaron a un amplio río, e indicaron a Shuli que subiera en una de las canoas. Pasaron un par de horas navegando tranquilamente por aquel río. Entre la neblina Shuli diviso un barco, pero estaba demasiado lejos.
De pronto un delfín rosado, pasó justo por debajo de la canoa e hizo que esta se partiera en dos. Todos los indios se subieron a otras canoas pero Shuli cayó en las aguas del río. Su cabeza se golpeo con una roca y quedo inconsciente. Su cuerpo se hundía rápidamente en las aguas oscuras, y los indios no podían hacer nada para salvarla.
Shuli casi tocaba el fondo cuando algo la levanto hacia la superficie. Era una enorme anaconda. Esta la llevo velozmente hacia el barco que se encontraba mas adelante, en el cual se encontraba la familia de Shuli muy preocupada. La familia se había retirado del lugar, con las esperanzas de volver pronto con un equipo de rescate para buscar a Clara.
La anaconda deposito a la niña sobre el barco, y cuando finalmente esta se despertó dos horas después les contó a sus parientes lo sucedido. La familia le agradeció a los indios, que ahora navegaban a la par con el barco. Shuli se despidió de los indios, y también les agradeció profundamente.
Ahora, Clara asegura que gracias a la anaconda y los indios sigue viva, y disfrute de su vida plenamente.

TRANSFORMACION
A veces el mundo no es como te lo muestra la maestra en la escuela, en ocasiones es mas grande y maravilloso. Es muy cierto que las maestras tratan de enseñarte todo lo que saben (o casi todo), de la mejor manera posible, pero digo casi todo porque hay algunas cosas que solo se aprenden mataperreando por ahí, lo mismo haciendo travesuras, que comiéndote un helado, yendo solo a la escuela o tumbándole los mangos al vecino, aunque también hay otras que como dice mi abuela nacen con uno pero al final hay que aprender a moldearlas como un pastelito con las otras que se van pegando en tus andares.
Esto que te cuento me sucedió hace poco tiempo, y aunque pueda parecer raro es la pura verdad. Fue un día de esos en que el calor de la tarde sin tener que nada que hacer me iba carcomiendo la tranquilidad y alimentando el deseo de escapármele a mi mima para ir a la zanja de las afueras del pueblo y terminar convirtiendo en mugre bajo las uñas y hambre toda la energía que tenía dentro.
No había andado dos cuadras cuando tropecé con Manolito, uno de mis compinches de maldades y fugas de los turnos de Español y Literatura, que irónicamente terminábamos transformándolas en sesiones de lecturas de cuentos fantásticos y aventuras.
- dime Mano, que hacemos hoy?- le pregunte con una amplia sonrisa de cómplice porque pensé saber la respuesta, pero me equivoqué.
- hay cambio de planes, la zanja está seca!-
- ¡Ño! Y ahora que hacemos, yo estaba loco por mojarme- le dije algo preocupado
- No te preocupes que apareció algo interesante, “el Churre”-un amiguito de aula que le hacia bastante honor a su apodo- me dijo que abrieron un hueco cerca de la zanja para desaguarla y así limpiarla, que por eso estaba seca-
- ¿Si y qué?- le pregunté para alentarlo a que dijera al fin su idea
- Pues chico que a falta de pan casabe, no nos mojamos en una zanja pero nos caemos a terronazos de lodo en un hueco, el lío es ensuciarnos y de paso le tumbamos la cerca de Ramón y le llevamos unas frutas a Pancho- y nos reímos por un rato.
Así salimos pues, entusiasmados con el nuevo pasatiempo y con la esperanza de encontrarnos con varios amigos por aquel lugar. Pero para sorpresa nuestra no encontramos a nadie.
- Parece que los otros se ratonaron porque esto esta vacío- le dije a Manolito con cierta decepción.
- Bueno no tan vacío, mira esto- y desde el borde del hueco me hizo un gesto con la mano para que me acercara.
Nos resultó bastante extraño pero así era, había una niña jugando dentro del hueco, bastante gracioso también porque las niñas solo sirven para jugar a las casitas y a la escuelita y a nosotros siempre nos ponen a lavar pañales o a cuidar la puerta del aula, por esa razón nos teníamos prohibido a nosotros mismos jugar con ellas bajo ninguna circunstancia. Por eso nos acercamos con cierta desconfianza.
- ¿Oye tú? ¿Quien eres?- pregunto el Mano con mas guapería que otra cosa pero en realidad todo era para disimular el terror que tenia por dentro, el problema es que era muy tímido.
- Yo, soy una mariposa…-dijo con cierto orgullo.
- Jajá, jajá- nos reímos de buena gana- verdad que las niñas no tiene nada más que inventar.
- ¿A ver si eres una mariposa que haces en un hoyo repleto de lodo?- se me ocurrió preguntar.
- No siempre estamos donde debemos, por eso a veces resultamos extraños, pero no quiere decir que seamos diferentes- dijo como cierto aire enciclopédico y orgulloso
- Y cual es la diferencia porque yo no la noto- dije en tono algo burlón
- Simple, extraño es algo o alguien a lo cual no estamos acostumbrados a ver pero sin embargo no es para nada diferente a algo o alguien que conozcamos, por ejemplo si mañana pasa un elefante frente a tu casa te resultaría extraño pero no por ello seria diferente a lo que ya conoces porque sin dudas has visto elefantes con anterioridad en algún libro o en la tele.-y termino con un suspiro de agobio, de esos que se lanzan cuando crees que no te han entendido bien.
- bueno, bueno, no tienes que ponerte tan filosófica, pero es que has armado una jerigonza-
- ¿esta bien, pero ya que ustedes son los de las grandes ideas, que hacemos?- pregunto ella
Y el Mano saltó con una de sus idiotas
- bueno puesto que no podemos tirarle fango a una niña pues vamos a cogerle unas guayabas a Pancho- y creo que hasta se babeó un poquito pensando en el banquete.
Pancho era un viejito de esos que con mirarle nos convencemos al instante que nació con doscientos años. Tenía mas arrugas en el rostro que mi cama en las mañanas después de remolonear antes de levantarme. Pero las guayabas de Pancho no eran cualquier cosa, eran las mas difíciles de atrapar en todo el mundo, cuando las comíamos convertíamos el momento en triunfo y lo saboreábamos como a nada, y por supuesto cada cual contaba su historia como una hazaña de cómo lo había burlado. Pero aquel día, debido a la nueva compañía, la charla fue diferente, o quizás extraña, todavía no se.
- Viste, te dije que yo iba a coger la más madura- y la alcé con gesto invencible.
- Si pero yo conseguí la mía primero- me reclamaba Manolito
- Y tu por lo que veo no vas a comer por que de esta no te doy- dije mirándola con sus manos vacías.
- Es que no me gusta robar, cuando tomo algo es porque dejo un bien tras de mí, las flores me lo agradecen.
- Ah! Sigues con lo mismo de que eres mariposa, además no es para tanto, solo le cogemos unas pocas guayabas- dije tratando de consolarla- el tiene un árbol y no las come, es un desperdicio.
- Y porque no le hablan y tratan de convencerlo para que las cosechen entre todos, y les proponen que van a plantar varios árboles frutales y los atienden después de las clases? … pero claro, como es mas fácil llevarse algo sin haberse esforzado para obtenerlo.
Después de eso nos separamos un poco de ella, no nos gustaba que no regañaran, y menos alguien de nuestra edad, y muchísimo menos una niña. Pero no andamos mucho cuando apareció el próximo objetivo en el itinerario de travesuras, la cerca de Ramón. Este hombre siempre pasaba a pastar las vacas mas o menos a esa hora, y nosotros nos encargábamos de desencajar las estacas de madera que componían la cerca para crear un hueco lo suficientemente grande para que algunos animales se escaparan y luego pues a reírnos de Ramón cayéndole a atrás y para todos lados a una veintena de vacas locas. Era todo un espectáculo, cuando terminaba estaba tan exhausto que se tiraba en el suelo junto al propio ganado y dormía una siesta con ellas.
Claro que esta vez no fue tan divertido, ella se molesto tanto que casi nos golpea, nos dijo insensibles, egoístas, irresponsables, malcriados, y otro montón de cosas que recuerdo, parecía una persona mayor presta siempre a rectificar cualquier cosilla que hiciéramos, y eso que solo la conocíamos hacia solo unas horas, pero parecía que siempre hubiera estado con nosotros.
Cuando salimos de allí estuvimos algún tiempo andando entre las hierbas y deleitándonos con el aroma del campo, que se te mete por los poros y te recarga las fuerzas, te alegra el alma y te da unas ganas de correr irresistible. Y corrimos. Corrimos tanto que no sabíamos a donde habíamos ido a parar. Pero todavía teníamos energía para caer en nuestras revanchas legendarias.
- Yo llegue primero! ! ! !-gritó Manolito eufórico.
- ¡Mentira!- respondí- yo siempre gano, y hoy lo hice otra vez.
- Par de bobos- dijo ella con tono burlón, son tan lentos y tan prepotentes, pero no es su culpa, así son todos los humanos.
- Que graciosa, vas a seguir con tu jueguito?- dije algo insultado, pues no me agradó el apelativo que nos dio y continué- Acaso eres una vaca, tu también eres humana, eres una niña, además llegaste después de nosotros- y pensé que la callaría con ese argumento pero me equivoqué, pues no había terminado de hablar cuando dijo:
- No gané porque no traía mis alas, si las tuviera no hubiera ocurrido nunca, son muy lindas pero no las necesito y estoy aquí para demostrarlo, son solo parte de mi cuerpo y ninguna parte del cuerpo es necesaria, lo único que hace falta es razón y sentimientos, eso es más útil e importante que un par de alas, por eso me encuentro con ustedes y por eso perdí la carrera.
- No sé porque nos dices todo eso pero a veces nos asustas con tantas palabras, además no te entendemos muy bien.
- Por lo visto no entienden muchas pero solo diré algo, los niños muchas veces confunden diversión con irresponsabilidad, por supuesto que debemos divertirnos a piernas sueltas pero siempre debemos cuidar nuestra manera de actuar, que nuestra alegría no sea motivo de tristeza para nadie, al contrario, podemos divertirnos haciendo felices a todos sin tener nada más que nuestras ganas de ayudar a los demás, no hacen falta alas para ir más lejos.- y se quedo mirándonos como esperando una señal que le indicara que la habíamos entendido, luego de una pausa y una mirada hacia todos lados nos dijo-
- Bueno, creo que me voy que ya es bastante tarde y mañana debo madrugar
- Si claro- le dije en tono burlón- seguro vas a libar flores, bueno de cualquier forma nos vemos, mañana volveremos a jugar.
- Adiós- y se despidió de una manera mágica, dejándonos con mucho en que pensar y con un largo tramo por andar de regreso
Llegamos al barrio y cada uno fue para su casa, esa noche fue como otra cualquiera, solo que el barrio ya no era solo eso sino todo un mundo, y las personas que nos rodeaban eran todas increíbles, fantásticas, únicas, me bañé, comí, hice las tareas y fui a la cama después de ver un rato la televisión.

Al día siguiente espere a Manolito después de las clases
- ¿oye nos vamos al hueco otra vez?- le pregunte
- si, si!! vamos a encontrarnos con ella, que por cierto, con tantas palabras que dijo nunca menciono el nombre, pero bueno vamos.-y partimos
- cuando llegamos el lugar estaba desolado como el día anterior pero con la diferencia de que ella no apareció a pesar de que esperamos toda la tarde, así que nos sentamos a embelesarnos con el sol en las espaldas desnudas y a tirarnos semillas de Almendra para entretenernos, estuvimos pensando en todo lo que nos dijo y en cuan maravilloso puede ser el mundo si tratamos de componerlo entre todos, de aprender de todo, de divertirnos con todo y con todos, ya cuando regresábamos por el largo camino enyerbado y oloroso que iba al pueblo, estuvimos conversando sobre el tema y nos llamo mucho la atención una pequeña mariposita que nos daba vueltas sin cesar alrededor de nuestras cabezas, jugueteando alegremente, y nos miramos convencidos de que la conocíamos, y una sonrisa me lleno el rostro.


LA GATITA EN PELIGRO
Había una vez una chica que se llamaba María que tenía dos padres muy buenos que siempre le daban lo que necesitaba y además tenía una gatita muy hermosa llamada Serafina. Ellos eran un poco pobres pero ellos trabajaban mucho para poderla mantener a su hija.
Un día María se fue a acostar porque ya era de noche, sus padres la dejaron con una niñera para que la cuide ya que ellos se iban a un asado.
Sus padres volvieron a las dos de la mañana y le dijeron a Marta la niñera que se podía ir. Cuando se fue ellos se fueron a dormir.
A la noche cuando todos estaban dormidos Serafina estaba escuchando unos ruidos, ella para ver lo que era bajo las escaleras y perseguía ese ruido hasta que de repente le cayó una caja encima, ella no sabía lo que era pero después de un rato se di cuenta que la estaban Secuestrando.
Los ladrones la llevaron a una cueva para esconderse.
Cuando María se despertó la buscaba a Serafina y no le encontraba por ningún lado, ella se empezó a preocupar y les fue a avisar a sus padres que no la encontraba por ningún lado.
Sus padres llamaron a la policía y les avisaron que no encontraban por ningún lado a su gatita.
Lo que encontraron los policías fueron unas huellas de barro afuera, ellos la siguieron y las guiaron hasta una cueva que se escuchaban unos gruñidos. Los policías entraron con mucha precaución y encontraron a los ladrones y a la gatita.
A los ladrones se los llevaron presos y a la gatita se la entregaron a María, ella se puso muy contenta al verla. Se la llevo a casa y nunca más volvió a pasar lo mismo porque desde esa vez siempre tuvieron mucha precaución.

LA PRINCESA ANALIA
Erase una vez en un reino muy lejano una princesa llamada Alalía.
Su sueño era ser una persona como cualquier otra, pero no podía ya que pronto su madre la coronaria como reina.
Ella no tenia amigas, pero si tenia una hermana gemela.
Su hermana llamada Francisca soñaba con ser reina pero su mamá no la había elegido para serlo.
Alalía tuvo una larga charla con Francisca para pedirle de favor que cambiaran de lugar, Francisca acepto pero le dijo que solo seria por unos días por que en la coronación tendría que volver a ser como era antes. Alalía acepto y le prometió volver.
Al pasar unos días Alalía ya había tenido muchas aventuras y había conocido a muchas personas, pero a ella se le olvido la coronación, mientras tanto en el palacio Francisca estaba muy nerviosa ya que si hermana no llegaba.
Al llegar la hora de la coronación la madre corono a Francisca como reina pero su madre pensó que Francisca era Alalía. A las semanas Alalía volvió y su madre las descubrió entonces dijo:- Yo he coronado a Francisca como reina y así se quedara Alalía muy feliz se fue ha seguir teniendo muchas aventuras, mientras que su hermana era la persona mas feliz del mundo.
Alalía deicidio ir por todo el mundo ayudando a personas que lo necesitan y así La Princesa Casi Reina Alalía fue conocida en todos lados...



Las Tres hijas del Rey

Erase un poderoso rey que tenía tres hermosas hijas, de las que estaba orgulloso, pero ninguna podía competir en encanto con la menor, a la que él amaba más que a ninguna.
Las tres estaban prometidas con otros tantos príncipes y eran felices.
Un día, sintiendo que las fuerzas le faltaban, el monarca convocó a toda la corte, sus hijas y sus prometidos.
-Os he reunido porque me siento viejo y quisiera abdicar. He pensado dividir mi reino en tres partes, una para cada princesa. Yo viviré una temporada en casa de cada una de mis hijas, conservando a mi lado cien caballeros. Eso sí, no dividiré mi reino en tres partes iguales sino proporcionales al cariño que mis hijas sientan por mí.
Se hizo un gran silencio. El rey preguntó a la mayor:
¿Cuánto me quieres, hija mía?
-Más que a mi propia vida, padre. Ven a vivir conmigo y yo te cuidaré.
-Yo te quiero más que a nadie del mundo -dijo la segunda.
La tercera, tímidamente y sin levantar los ojos del suelo, murmuró:
-Te quiero como un hijo debe querer a un padre y te necesito como los alimentos necesitan la sal.
El rey montó en cólera, porque estaba decepcionado.
- Sólo eso? Pues bien, dividiré mi reino entre tus dos hermanas y tú no recibirás nada.
En aquel mismo instante, el prometido de la menor de las princesas salió en silencio del salón para no volver; sin duda pensó que no le convenía novia tan pobre.
Las dos princesas mayores afearon a la menor su conducta.
-Yo no sé expresarme bien, pero amo a nuestro padre tanto como vosotras -se defendió la pequeña, con lágrimas en los ojos-. Y bien contentas podéis estar, pues ambicionabais un hermoso reino y vais a poseerlo.
Las mayores se reían de ella y el rey, apesadumbrado, la arrojó de palacio porque su vista le hacía daño.
La princesa, sorbiéndose las lágrimas, se fue sin llevar más que lo que el monarca le había autorizado: un vestido para diario, otro de fiesta y su traje de boda. Y así empezó a caminar por el mundo. Anda que te andarás, llegó a la orilla de un lago junto al que se balanceaban los juncos. El lago le devolvió su imagen, demasiado suntuosa para ser una mendiga. Entonces pensó hacerse un traje de juncos y cubrir con él su vestido palaciego. También se hizo una gorra del mismo material que ocultaba sus radiantes cabellos rubios y la belleza de su rostro.
A partir de entonces, todos cuantos la veían la llamaban "Gorra de Junco".
Andando sin parar, acabó en las tierras del príncipe que fue su prometido. Allí supo que el anciano monarca acababa de morir y que su hijo se había convertido en rey. Y supo asimismo que el joven soberano estaba buscando esposa y que daba suntuosas fiestas amenizadas por la música de los mejores trovadores.
La princesa vestida de junco lloró. Pero supo esconder sus lágrimas y su dolor. Como no quería mendigar el sustento, fue a encontrar a la cocinera del rey y le dijo:
-He sabido que tienes mucho trabajo con tanta fiesta y tanto invitado. ¿No podrías tomarme a tu servicio?
La mujer estudió con desagrado a la muchacha vestida de juncos. Parecía un adefesio...
-La verdad es que tengo mucho trabajo. Pero si no vales te despediré, con que procura andar lista.
En lo sucesivo, nunca se quejó, por duro que fuera el trabajo. Además, no percibía jornal alguno y no tenía derecho más que a las sobras de la comida. Pero de vez en cuando podía ver de lejos al rey, su antiguo prometido cuando salía de cacería y sólo con ello se sentía más feliz y cobraba alientos para sopor-tar las humillaciones.
Sucedió que el poderoso rey había dejado de serlo, porque ya había repartido el reino entre sus dos hijas mayores. Con sus cien caballeros, se dirigió a casa de su hija mayor, que le salió al encuentro, diciendo:
-Me alegro de verte, padre. Pero traes demasiada gente y supongo que con cincuenta caballeros tendrías bastante.
-¿Cómo? exclamó él encolerizado-. ¿Te he regalado un reino y te duele albergar a mis caballeros? Me iré a vivir con tu hermana.
La segunda de sus hijas le recibió con cariño y oyó sus quejas. Luego le dijo:
-Vamos, vamos, padre; no debes ponerte así, pues mi hermana tiene razón. ¿Para qué quieres tantos caballeros? Deberías despedirlos a todos. Tú puedes quedarte, pero no estoy por cargar con toda esa tropa.
-Conque esas tenemos? Ahora mismo me vuelvo a casa de tu hermana. Al menos ella, admitía a cincuenta de mis hombres. Eres una desagradecida.
El anciano, despidiendo a la mitad de su guardia, regresó al reino de la mayor con el resto. Pero como viajaba muy des-pacio a causa de sus años, su hija segunda envió un emisario a su hermana, haciéndola saber lo ocurrido. Así que ésta, alertada, ordenó cerrar las puertas de palacio y el guardia de la torre dijo desde lo alto:
-iMarchaos en buena hora! Mi señora no quiere recibiros.
El viejo monarca, con la tristeza en alma, despidió a sus caballeros y como
nada tenía, se vio en la precisión de vender su caballo. Después, vagando por el bosque, encontró una choza abandonada y se quedó a vivir en ella.
Un día que Gorro de Junco recorría el bosque en busca de setas para la comida del soberano, divisó a su padre sentado en la puerta de la choza. El corazón le dio un vuelco. ¡Que pena, verle en aquel estado!
El rey no la reconoció, quizá por su vestido y gorra de juncos y porque había perdido mucha vista.
-Buenos días, señor -dijo ella-. ,Es que vivís aquí solo?
-Quién iba a querer cuidar de un pobre viejo? -replicó el rey con amargura.
-Mucha gente -dijo la muchacha-.
Y si necesitáis algo decídmelo.
En un momento le limpió la choza, le hizo la cama y aderezó su pobre comida.
-Eres una buena muchacha -le dijo el rey.
La joven iba a ver a su padre todos los domingos y siempre que tenía un rato libre, pero sin darse a conocer. Y también le llevaba cuanta comida podía agenciarse en las cocinas reales. De este modo hizo menos dura la vida del anciano.
En palacio iba a celebrarse un gran baile. La cocinera dijo que el personal tenía autorización para asistir.
-Pero tú, Gorra de Junco, no puedes presentarte con esa facha, así que cuida de la cocina -añadió.
En cuanto se marcharon todos, la joven se apresuró a quitarse el disfraz de juncos y con el vestido que usaba a diario cuando era princesa, que era muy hermoso, y sus lindos cabellos bien peinados, hizo su aparición en el salón. Todos se quedaron mirando a la bellísima criatura. El rey, disculpándose con las princesas que estaban a su lado, fue a su encuentro y le pidió:
-Quieres bailar conmigo, bella desconocida?
Ni siquiera había reconocido a su antigua prometida. Cierto que había pasado algún tiempo y ella se había convertido en una joven espléndida.
Bailaron un vals y luego ella, temiendo ser descubierta, escapó en cuanto tuvo ocasión, yendo a esconderse en su habitación. Pero era feliz, pues había estado junto al joven a quien seguía amando.
Al día siguiente del baile en palacio, la cocinera no hacía más que hablar de la hermosa desconocida y de la admiración que le había demostrado al soberano.
Este, quizá con la idea de ver a la linda joven, dio un segundo baile y la princesa, con su vestido de fiesta, todavía más deslumbrante que la vez anterior, apareció en el salón y el monarca no bailó más que con ella. Las princesas asistentes, fruncían el ceño.
También esta vez la princesita pudo escapar sin ser vista.
A la mañana siguiente, el jefe de cocina amonestó a la cocinera.
-Al rey no le ha gustado el desayuno que has preparado. Si vuelve a suceder, te despediré.
De nuevo el monarca dio otra fiesta. Gorra de Junco, esta vez con su vestido de boda de princesa, acudió a ella. Estaba tan hermosa que todos la miraban.
El rey le dijo:
-Eres la muchacha más bonita que he conocido y también la más dulce. Te suplico que no te escapes y te cases conmigo.
La muchacha sonreía, sonreía siempre, pero pudo huir en un descuido del monarca. Este estaba tan desconsolado que en los días siguientes apenas probaba la comida
Una mañana en que ninguno se atrevía a preparar el desayuno real, pues nadie complacía al soberano, la cocinera ordenó a Gorra de Junco que lo preparase ella, para librarse así de regañinas. La muchacha puso sobre la mermelada su anillo de prometida, el que un día le regalara el joven príncipe. Al verlo, exclamó:
-jQue venga la cocinera!
La mujer se presentó muerta de miedo y aseguró que ella no tuvo parte en la confección del desayuno, sino una muchacha llamada Gorra de Junco. El monarca la llamó a su presencia. Bajo el vestido de juncos llevaba su traje de novia.
-De dónde has sacado el anillo que estaba en mi plato?
-Me lo regalaron.
-Quién eres tú?
-Me llaman Gorra de Junco, señor.
El soberano, que la estaba mirando con desconfianza, vio bajo los juncos un brillo similar al de la plata y los diamantes y exigió:
-Déjame ver lo que llevas debajo.
Ella se quitó lentamente el vestido de juncos y la gorra y apareció con el mara-villoso vestido de bodas.
-Oh, querida mia! ¿Así que eras tú? No sé si podrás perdonarme.
Pero como la princesa le amaba, le perdonó de todo corazón y se iniciaron los preparativos de las bodas. La princesa hizo llamar a su padre, que no sabía cómo disculparse con ella por lo ocurrido.
El banquete fue realmente regio, pero la comida estaba completamente sosa y todo el mundo la dejaba en el plato. El rey, enfadado, hizo que acudiera el jefe de cocina.
-Esto no se puede comer -protestó.
La princesa entonces, mirando a su padre, ordenó que trajeran sal. Y el anciano rompió a llorar, pues en aquel momento comprendió cuánto le amaba su hija menor y lo mal que había sabido comprenderla.
En cuanto a las otras dos ambiciosas princesas, riñeron entre sí y se produjo una guerra en la que murieron ellas y sus maridos. De tan triste circunstancia supo compensar al anciano monarca el cariño de su hija menor.
Fin

La Ostra y El Cangrejo

Una ostra estaba enamorada de la Luna. Cuando su gran disco de plata aparecía en el cielo, se pasaba horas y horas con las valvas abiertas, mirándola.
Desde su puesto de observación, un cangrejo se dio cuenta de que la ostra se abría completamente en plenilunio y pensó comérsela.
A la noche siguiente, cuando la ostra se abrió de nuevo, el cangrejo le echó dentro una piedrecilla.
La ostra, al instante, intento cerrarse, pero el guijarro se lo impidió.
El astuto cangrejo salió de su escondite, abrió sus afiladas uñas, se abalanzó sobre la inocente ostra y se la comió.
Así sucede a quien abre la boca para divulgar su secreto: siempre hay un oído que lo apresa.
Fin

La nube de los secretos

El tren salió de su tunel oscuro, y los pasajeros se incandilaron con la luz del sol que estaba atardeciendo en el mar. La niña de dorados rizos, que estaba sentada en el regazo de su mamá, le decía que todavía habían bañistas en la playa aunque el verano playero acababa de terminar, y le preguntó:

--¿Las olas hablan, mamá?

--Claro, hijita, las olas son quienes viajan por todo el mundo con sus blancas bocas, y se cuentan unas a otras lo que ha pasado, por los lugares donde han estado.

A veces se rien mucho, y por eso oyes muchos splash seguidos en la rompiente, otras veces están enfadadas y hay holas grandotas que rompen haciendo mucho ruido, como quien da un portazo, en algunas ocaciones están perezosas y ni se mueven, es porque están dormitando y una pequeña ola, que casi no dice nada sobre la arena, significa que está roncando.

--¡Mira mamá! Qué nube más rara.

--Si, tienes razón, esa nube es la nube de los secretos. ¿Sabes qué hace esa nube? —Le preguntó en secreto la mamá.

--Si... Escucha los secretos de todos... —Dijo la niña riéndose.

--Bueno, en cierta manera si. Todas las olas le cuentan sus secretos a ella, porque saben que ella no los contará a nadie. También lo hacen los delfines y todos los animales del agua. ¿Sabes qué otros animales de agua hay? —Le preguntó animándola a pensar un poquito.

--Si... Los pájaros de agua —Contestó riendo.

--Y... ¿Cómo se llaman? Ga... —Le daba una ayudita.

  --¡Gaviotas! —Contestó contenta de saberlo—. ¡Mira mamá!, ahí hay una que está jugando con las olas. ¿Sabes mami que las gaviotas flotan porque tienen una panza muy gorda?

--Si, también porque se llenan de aire —Dijo la madre llenando sus cachetes de aire, abriendo los brazos en redondo y moviéndose de lado a lado— y hacen como un flotador. A veces las gaviotas quieren enterarse de los secretos que les cuentan las olas a la nube y la nube se va un poco enfadada para otros lugares, y si la gaviota la molesta mucho entonces llueve. Otras veces, llueve sobre la tierra y los secretos caen sobre las plantas, los árboles, las flores o simplemente sobre la tierra. Como no concocen a las olas, no se enteran mucho qué significan esos secretos, aunque les caigan encima.
--Y, ¿qué pasa con los secretos que llueven sobre la tierra? —Le preguntó mirando a traves de la ventana.

--No pasa nada, caen como simples gotas de lluvia, guardando los secretos para siempre en el corazón de cada gota y al ser absorvida por un árbol, o flor, o donde sea que caiga, guarda ese secreto como si alguien se lo hubiera contado pero nunca puede recordar qué es en realidad, como cuando uno cree que tiene algo por decir y no recuerda qué —Le explicaba la mamá pegando su mejilla contra el de su hija de cuatro años.

La niña se reacomodaba sobre el regazo de la madre y le llenaba la cara con sus tirabuzones dorados.


A medida que el tren traqueteaba algunas nubes rosa-azul-violeta se juntaban en el horizonte a escuchar los secretos que alguien tenía para contarles, otras llegaban desde lejos justo a tiempo para disfrazarse con el atardecer. Y entre contar nubes y nubes, fueron llegando hasta su estación, donde bajaron y se despidieron de las señoritas del cielo hasta el día siguiente.


El Honrado Leñador

Habia una vez un pobre leñador que regresaba a su casa despues de una jornada de duro trabajo. Al cruzar un puentecillo sobre el rio, se le cayo el hacha al agua. Entonces empezo a lamentarse tristemente: ¿Como me ganare el sustento ahora que no tengo hacha?
Al instante ¡oh, maravilla! Una bella ninfa aparecia sobre las aguas y dijo al leñador:
Espera, buen hombre: traere tu hacha.
Se hundio en la corriente y poco despues reaparecia con un hacha de oro entre las manos. El leñador dijo que aquella no era la suya. Por segunda vez se sumergió la ninfa, para reaparecer despues con otra hacha de plata.
Tampoco es la mia dijo el afligido leñador.
Por tercera vez la ninfa busco bajo el agua. Al reaparecer llevaba un hacha de hierro.
¡Oh gracias, gracias! ¡Esa es la mia!
Pero, por tu honradez, yo te regalo las otras dos. Has preferido la pobreza a la mentira y te mereces un premio.
Fin.

El Cedro Vanidoso

Erase una vez un cedro satisfecho de su hermosura.
Plantado en mitad del jardin, superaba en altura a todos los demas arboles. Tan bellamente dispuestas estaban sus ramas, que parecia un gigantesco candelabro.
Si con lo hermoso que soy diera ademas fruto, se dijo, ningun arbol del mundo podria compararse conmigo.
Y decidio observar a los otros arboles y hacer lo mismo con ellos. Por fin, en lo alto de su erguida copa, apunto un bellisimo fruto.
Tendré que alimentarlo bien para que crezca mucho, se dijo.
Tanto y tanto creció aquel fruto, que se hizo demasiado grande. La copa del cedro, no pudiendo sostenerlo, se fue doblando; y cuando el fruto maduro, la copa, que era el orgullo y la gloria del arbol, empezo a tambalearse hasta que se troncho pesadamente.
¡A cuantos hombres, como el cedro, su demasiada ambicion les arruina!

Fin

La Bobina Maravillosa

Erase un principito que no quería estudiar. Cierta noche, después de haber recibido una buena regañina por su pereza, suspiro tristemente, diciendo:
¡Ay! ¿Cuándo seré mayor para hacer lo que me apetezca?
Y he aquí que, a la mañana siguiente, descubrió sobre su cama una bobina de hilo de oro de la que salió una débil voz:
Trátame con cuidado, príncipe.
Este hilo representa la sucesión de tus días. Conforme vayan pasando, el hilo se ira soltando. No ignoro que deseas crecer pronto... Pues bien, te concedo el don de desenrollar el hilo a tu antojo, pero todo aquello que hayas desenrollado no podrás ovillarlo de nuevo, pues los días pasados no vuelven.
El príncipe, para cersiorarse, tiro con ímpetu del hilo y se encontró convertido en un apuesto príncipe. Tiro un poco mas y se vio llevando la corona de su padre. ¡Era rey! Con un nuevo tironcito, inquirió:
Dime bobina ¿Cómo serán mi esposa y mis hijos?
En el mismo instante, una bellísima joven, y cuatro niños rubios surgieron a su lado. Sin pararse a pensar, su curiosidad se iba apoderando de él y siguió soltando mas hilo para saber como serian sus hijos de mayores.
De pronto se miro al espejo y vio la imagen de un anciano decrépito, de escasos cabellos nevados. Se asusto de sí mismo y del poco hilo que quedaba en la bobina. ¡Los instantes de su vida estaban contados! Desesperadamente, intento enrollar el hilo en el carrete, pero sin lograrlo. Entonces la débil vocecilla que ya conocía, hablo así:
Has desperdiciado tontamente tu existencia. Ahora ya sabes que los días perdidos no pueden recuperarse. Has sido un perezoso al pretender pasar por la vida sin molestarte en hacer el trabajo de todos los días. Sufre, pues tu castigo.
El rey, tras un grito de pánico, cayó muerto: había consumido la existencia sin hacer nada de provecho.

Fin